Semana de la Chilenidad en Dunalastair

Semana de la Chilenidad en Dunalastair

Detrás de cada pie de cueca hubo semanas de ensayos, canciones aprendidas e historias por descubrir. En Dunalastair, septiembre es mucho más que una fecha en el calendario: es un viaje por la música, la danza y las tradiciones que dan forma a Chile.

Ya pasaron las Fiestas Patrias, las banderas volvieron a su caja y los pañuelos descansan hasta el próximo año. Pero lo que se vivió en Dunalastair no se apaga con el último aplauso. Mucho antes de que llegara la Fiesta de la Chilenidad, los patios ya sonaban a guitarra: estudiantes y profesores llevaban semanas preparando bailes, ensayando coreografías, aprendiendo canciones e investigando las historias que hay detrás de cada tradición. Lo que finalmente subió al escenario fue apenas la parte visible de un proceso que había comenzado mucho antes.

Y es que las Fiestas Patrias son bastante más que el recuerdo del inicio del proceso de Independencia. Son también una oportunidad para reencontrarse con comidas, juegos, músicas, bailes y costumbres que se han transmitido de generación en generación. En el colegio, esa oportunidad tiene un sentido muy concreto: que la tradición deje de ser algo que solo se observa o se estudia, y se convierta en una experiencia que se vive con el cuerpo, con la voz y en comunidad.

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UN VIAJE DE CATORCE BAILES

En Dunalastair, aprender un baile tradicional significa mucho más que memorizar pasos. Cristóbal Zamora, Sports Department Lead de Dunalastair Las Condes, es uno de los encargados de organizar los bailes, y explica que nada se elige al azar: la selección considera la etapa escolar de cada curso, la dificultad de la danza, el dinamismo de la propuesta, la motivación de los estudiantes y lo aprendido en años anteriores.

Detrás de esa planificación hay una meta ambiciosa. “La intención de fondo es que los alumnos puedan pasar por la mayor cantidad posible de expresiones folclóricas durante su recorrido en el colegio. La meta es que, idealmente, al terminar 

IV° medio hayan tenido la oportunidad de experimentar alrededor de catorce bailes distintos, evitando repetir constantemente las mismas propuestas”, señala Zamora.

Catorce bailes son, en la práctica, catorce maneras de conocer Chile. Mientras más diversa es la experiencia, más territorios y expresiones culturales descubren los estudiantes. Por eso, enseñar un baile en Dunalastair implica también hablar de su música, de su historia, del territorio del que proviene e incluso de la comida y las costumbres de esa zona. El baile se convierte así en una puerta de entrada a todo un paisaje cultural.

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UNA MÚSICA HECHA DE ENCUENTROS

Desde la sala de música, Javier Cornejo, Music Department Lead de Dunalastair, amplía la mirada y desarma un mito: el de una música chilena “pura”. “La música chilena no puede entenderse como una expresión cerrada o completamente pura, porque su historia está marcada por una permanente mezcla de influencias. Las expresiones indígenas se encontraron con las europeas tras la llegada de los españoles, mientras que también existió una influencia africana vinculada a la presencia de población afrodescendiente”, explica.

Esas capas de historia pueden escucharse hasta hoy en la cueca y la tonada, y en manifestaciones muy específicas como el Tumbe de Arica. Y el proceso no se detuvo ahí: según Cornejo, la música chilena sigue transformándose y dialogando con lo que viene de afuera. Basta mirar la trayectoria de Roberto Parra o de Los Tres para comprobar cómo incluso las expresiones que sentimos más profundamente nuestras conversan con tradiciones musicales de otros lugares.

La conclusión es tan simple como poderosa: tradición no es sinónimo de inmovilidad. Preservar una tradición no significa congelarla, sino transmitirla para que las nuevas generaciones la conozcan, la hagan suya y vuelvan a interpretarla. La música y la danza son, precisamente, ese punto de encuentro entre el pasado y el presente.

Para el profesor Cornejo, ahí está la gran fuerza de enseñar música tradicional en el colegio: “Bailar, cantar o tocar una pieza musical genera un punto de contacto directo con una expresión cultural. Detrás de cada melodía, de cada letra, de cada vestuario y de cada baile existe una historia que permite comprender mejor la identidad que se ha construido alrededor de ella”.

Esa idea conecta con una verdad de fondo: Chile no es una identidad construida desde una sola voz. Está formado por múltiples pueblos, territorios, experiencias y tradiciones que se han encontrado y transformado a lo largo del tiempo. Acercarse a ellas permite a los estudiantes entender que la historia no es algo lejano ni terminado, sino un proceso que también explica quiénes somos hoy.

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CUANDO LA TRADICIÓN SE VUELVE PROPIA

“Todos los estudiantes deben tener la oportunidad de experimentar esta unidad y aprender de las distintas zonas de Chile”, afirma Cristóbal Zamora. Cuando eso ocurre, la actividad deja de sentirse como una exigencia escolar y empieza a transformarse en una tradición propia.

La mejor prueba llegó de manera inesperada. Un grupo de estudiantes de IV° medio pidió, por iniciativa propia, presentar su coreografía frente a todo el colegio. Se organizaron en pocos minutos y salieron a mostrar lo que habían preparado. Para el profesor, esa escena decía mucho más que una presentación bien ejecutada: era la señal de que los estudiantes realmente estaban disfrutando la experiencia.

Porque una presentación folclórica nunca se construye en solitario. Hay que aprender junto a otros, coordinarse, respetar los tiempos, volver a intentarlo y confiar en el grupo. Lo mismo vale para los adultos: detrás de cada número hay un trabajo colaborativo entre los profesores de Educación Física, Música y otros equipos del colegio, que organizan ensayos, espacios, vestuarios y presentaciones para que todo llegue a punto el gran día.

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UNA FIESTA PARA TODA LA COMUNIDAD

Y el gran día llegó. Cristóbal Yob, Sports Department Lead de Dunalastair Chicureo, describe la magnitud de la celebración: “La Fiesta de la Chilenidad es un evento masivo, en el que participan las familias de distintas formas, con stands, juegos tradicionales y un lindo espectáculo que reúne a muchísima gente”.

Y como toda buena fiesta chilena, el cierre estuvo a la altura. “La fiesta termina con un esquinazo para los profesores, que viene a coronar la semana de las tradiciones chilenas en el colegio”, agrega Yob.

En Dunalastair Peñalolén, la experiencia se vivió con la misma intensidad. Carolina Pinto, Sports Department Lead de la sede, lo resume con entusiasmo: “Fue un evento muy bonito, donde todos participan con mucha alegría. Estuvimos todos muy involucrados, desde la puesta en escena hasta la decoración y las invitaciones”.

Para ella, buena parte del valor de la celebración está en lo que ocurre tras bambalinas. “Para el Departamento de Deportes es un proyecto muy importante, donde hay mucho trabajo en equipo con otros departamentos, como el de Arte, por ejemplo. Y contamos con un apoyo permanente de todo nuestro equipo directivo y de muchos otros profesores”, destaca.

Así, lo que ocurrió frente a familias y compañeros no fue simplemente un show artístico: fue el resultado de meses de trabajo, de canciones aprendidas, de historias descubiertas y de muchos ensayos compartidos.

Porque en Dunalastair, celebrar a Chile es también enseñar a mirarlo en toda su diversidad: reconocer sus territorios, sus pueblos y su cultura, y asegurarse de que esa riqueza no se pierda por falta de conocimiento o de transmisión.

¡Nos vemos el próximo septiembre!

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