Escribir con conciencia: aprender a tomar decisiones en la lengua

Escribir con conciencia: aprender a tomar decisiones en la lengua

CLAVES PARA OPTIMIZAR LA LECTURA Y LA ESCRITURA EN NIÑOS Y NIÑAS

Enseñar a leer y escribir es una herramienta para participar del mundo. Así lo entiende Gabriela Osorio, profesora de Lenguaje y Comunicación, quien ha dedicado su trabajo pedagógico y académico a repensar la enseñanza de la gramática no como un fin en sí mismo, sino como un medio para construir significado.

El año 2024, Gabriela Osorio fue reconocida con el Premio Doctor Rodolfo Oroz de la Academia Chilena de la Lengua por su libro Gramática para la Escritura Escolar, una obra que propone un cambio de enfoque profundo: enseñar gramática al servicio de la escritura y no como un ejercicio abstracto de etiquetado lingüístico.

DEL CURRÍCULUM A LA SALA DE CLASES

Para entender esta propuesta, Gabriela parte por un punto clave: el marco curricular. “Lo primero es tener en cuenta que lo que se pasa en las salas de clases está mandatado por el Estado”, explica. El currículum nacional busca asegurar un piso común para todos los estudiantes de Chile, definiendo qué saberes son necesarios para el futuro ciudadano.

Durante décadas fue enseñada de manera formal y teórica: sujeto, predicado, funciones sintácticas, en ejercicios que poco dialogaban con la escritura real. “La reflexión a la que se llega es que eso no ayuda a que los estudiantes escriban mejor”, señala Osorio. En ese contexto, reformas educacionales previas hicieron que la gramática fuera perdiendo importancia en el currículum nacional hasta desaparecer. 

Sin embargo, ese cambio también tuvo efectos secundarios. Al dejar de estudiar gramática, se perdió algo fundamental: el lenguaje para hablar sobre la lengua.

“Hoy en día algunos estudiantes no logran identificar qué es un verbo. Partiendo de ahí”, afirma. “Y sin ese control, corregir, mejorar o reflexionar sobre un texto se vuelve una conversación difusa”.

En la actualidad, el mandato nacional es volver a estudiar gramática, pero desde otro lugar: no como teoría aislada, sino enfocarla en la competencia comunicativa.

GRAMÁTICA PARA ESCRIBIR, NO PARA MEMORIZAR

Es frente a este desafío donde surge Gramática para la Escritura Escolar. El libro no busca volver a la gramática tradicional, sino responder dos grandes preguntas que enfrentan los docentes: ¿qué enseñar y cómo enseñarlo?

La propuesta es clara: partir desde los textos, no desde la teoría. “El proceso de elaboración del libro no fue desde la gramática teórica a buscarla en los textos, sino que desde los textos se levantó una gramática práctica”, explica Gabriela. A partir de narraciones y artículos informativos reales, se construyeron definiciones funcionales que permiten comprender cómo opera la lengua en contextos concretos.

Este enfoque hace la gramática comprensible y significativa para niños y niñas, porque se conecta directamente con lo que leen y escriben. “La propuesta es estar todo el tiempo circulando: del texto a la gramática, de la gramática al texto”, señala.

ESCRIBIR ES TOMAR DECISIONES

Uno de los ejes centrales de esta mirada es entender la escritura como un acto de responsabilidad comunicativa. “La escritura es un ejercicio donde yo soy la persona responsable de construir significados”, dice Osorio. “Cada elección lingüística como un verbo, un adjetivo o una estructura, tiene un efecto en el lector”.

Para explicarlo, utiliza un ejemplo simple pero potente: describir un animal desconocido. Si se eliminan los adjetivos y detalles, el referente se desdibuja. “Si yo empiezo a quitar elementos de la lengua, el otro no tiene cómo reconstruir el significado que le quiero dar”, afirma. En este sentido, “Escribir no es solo decir algo, es permitir que el otro lo imagine, lo entienda y, eventualmente, actúe”.

Por eso, la escritura siempre responde a un propósito. “Yo no hablo del monito del monte porque sí”, explica, “hablo porque quiero que el otro se comprometa y emprenda una campaña de conservación”, por ejemplo. La lengua se mueve según la meta comunicativa, y ese movimiento requiere conciencia y control.

TAREAS AUTÉNTICAS Y LECTORES REALES

Para desarrollar ese control, Gabriela insiste en abandonar las tareas artificiales. “Escribir es levantar un texto desde cero y hacerlo funcionar en el mundo real”, afirma. En lugar de responder preguntas sueltas o completar ejercicios, los estudiantes deben enfrentarse a tareas auténticas, con un objetivo claro y un lector real.

Campañas, trípticos, textos que circulan fuera de la sala de clases, ya que cuando lo que se escribe tiene destinatarios reales, las decisiones importan. “No da lo mismo cómo lo dice”, enfatiza.

Este enfoque también permite desarrollar algo clave: la voz. Escribir no para obtener una nota 7, sino para generar un cambio. Incluso en un contexto donde la inteligencia artificial está presente, Gabriela propone no esquivarla, sino integrarla con sentido: usarla al final, para evaluar si la estrategia comunicativa funciona, pero sin saltarse el proceso de pensamiento.

ANTES DE ESCRIBIR, LEER

Si hay un punto de partida fundamental, es la lectura. “Cuando uno escribe y quiere tomar decisiones inteligentes, necesita tener elementos entre los que escoger”, explica. “Sin vocabulario, sin estructuras variadas, no hay opciones reales”.

El plan lector, muchas veces subestimado, cumple un rol central: es exposición constante a la forma escrita. “Lenguaje no se estudia solo para la prueba. Es una constante, es como entrenarse para una maratón”, señala. En ese proceso, el apoyo de las familias es clave.

UN CIRCUITO, NO UNA RECETA

Para Gabriela Osorio, la escritura no es una secuencia rígida, sino un circuito que se compone de lectura, análisis de modelos, situaciones auténticas, escritura guiada, revisión colaborativa y discusión pública. Todo atravesado por la reflexión sobre la lengua.

“Oralidad, escritura y lectura van relacionadas, no se puede trabajar escritura sola”, afirma. Y esa reflexión gramatical no es un tecnicismo vacío: “permite entender cómo el lenguaje construye realidades, oculta responsabilidades, transmite perspectivas y moldea el pensamiento crítico en todas las asignaturas”.

Al final, la apuesta es formar estudiantes autónomos, capaces de pensar la lengua que usan. Porque si el colegio no modela ni garantiza ese control, las trayectorias dependen únicamente del contexto familiar.

Enseñar a escribir, entonces, no es solo enseñar a cumplir una tarea escolar. Es enseñar a decir algo en el mundo, con intención, conciencia y sentido.

GUÍA PRÁCTICA PARA FAMILIAS

EL ORDEN RECOMENDADO POR GABRIELA PARA APRENDER A ESCRIBIR CON SENTIDO

En este contexto, la idea es que podamos entender que aprender a escribir bien no ocurre de un día para otro ni solo haciendo tareas. Según la experiencia y reflexión pedagógica de Gabriela Osorio, el proceso funciona como un circuito, donde cada etapa prepara la siguiente. Este es el orden clave para acompañar a niños y niñas en el desarrollo de la lectura y la escritura.

1. TODO PARTE POR LA LECTURA

La lectura es la base de todo el proceso. Antes de escribir, los estudiantes necesitan tener de dónde elegir: palabras, ideas, estructuras, formas de decir. Si un niño solo está expuesto al lenguaje oral cotidiano (conversaciones familiares, WhatsApp, redes sociales), su repertorio es limitado.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Asegurar el cumplimiento del plan lector.
  • Valorar la lectura diaria como un entrenamiento constante, no como algo solo para la prueba.
  • Entender que leer expone a los niños a vocabulario y estructuras que luego usarán al escribir.

Leer es como entrenar para una maratón: no se hace solo el día antes.

2. TENER UNA META COMUNICATIVA CLARA

No se escribe “porque sí”. Siempre se escribe para algo.

Una vez que el estudiante tiene recursos gracias a la lectura, necesita un objetivo real: informar, convencer, explicar, sensibilizar, proponer un cambio.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Preguntar: ¿Para quién es este texto? ¿Qué quieres lograr con él?
  • Tomarse en serio los trabajos escritos que van a circular (trípticos, campañas, presentaciones).
  • Entender que cuando el texto tiene un lector real, el estudiante se involucra más.

3. ANALIZAR MODELOS ANTES DE ESCRIBIR

Antes de pedir que escriban, es clave leer y analizar buenos textos.

Esto significa mirar los textos como lo hace un autor: preguntarse por qué eligió ciertas palabras, qué efecto produce una frase, qué pasaría si se cambiara algo.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Conversar sobre los textos que leen: ¿por qué crees que el autor escribió así?
  • Ayudar a que el niño observe aciertos y errores en textos ajenos antes de escribir los propios.
  • Entender que analizar modelos facilita después la escritura.

4. ESCRIBIR DE FORMA GUIADA Y CONSCIENTE

Escribir es tomar decisiones.

En esta etapa, el estudiante escribe pensando en el lector y en su propósito. No escribe todo de una vez, sino paso a paso, revisando si lo que pone realmente comunica lo que quiere decir.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Ayudar a generar un plan de escritura que luego se cumplirá, es decir, determinar qué irá en la introducción, qué en el desarrollo y qué en la conclusión, para mantener el foco en la meta.
  • Preguntar: piensa en algunas palabras o frases impactantes que dejen pensando al lector, ¿en qué parte de tu texto te gustaría utilizarlas? ¿por qué?
  • Recordarle que escribir es preparar al otro para entender su idea.
  • Evitar centrarse solo en la nota o el resultado final. Más bien, interesarse por lo que el alumno tiene que decir. Recordar que escribir es una oportunidad para plantear una visión personal sobre el mundo y actuar en él.

5. COMPARTIR EL TEXTO Y DISCUTIRLO CON OTROS

Antes de que el texto “salga al mundo”, necesita lectores reales.

La revisión no es solo corregir faltas, sino conversar sobre el contenido, las ideas y cómo están dichas. Aquí los papás cumplen un rol clave.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Leer los textos de sus hijos con atención real.
  • Conversar sobre los textos. Hacerles preguntas como: ¿Esto es lo que realmente quieres decir?, ¿en qué te basas para decir esto?, ¿crees que alguien que no sabe del tema lo entendería?
  • Ayudar a que el niño oralmente profundice sus ideas y, con este feedback, las haga más claras en la escritura.
  • Conversar sobre ideas o reflexiones que les surgen a partir de los escritos de los hijos. Demostrar interés por las ideas planteadas es una manera de darle valor a su trabajo y motivarlos a continuar escribiendo.

6. HABLAR SOBRE LA LENGUA

Para revisar un texto, hay que poder nombrar lo que se observa.

Saber qué es un verbo, un sustantivo o un adjetivo no es teoría que no sirve. Permite entender cómo se construye el significado y cómo se puede mejorar un texto.

QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES, MADRES Y APODERADOS

  • Aceptar que reflexionar sobre la lengua es parte del proceso.
  • Entender que esta gramática no es memorizar reglas, sino aprender a usarlas con sentido.

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