El amplio y poco conocido mundo de la Salud Mental

El amplio y poco conocido mundo de la Salud Mental

CUIDAR A QUIENES CUIDAN: EL CÍRCULO INVISIBLE DEL BIENESTAR EMOCIONAL

La salud mental de niños, niñas y adolescentes ha dejado de ser un tema aislado o exclusivamente clínico. Hoy se entiende como un estado de bienestar integral, que abarca lo emocional, cognitivo, social, relacional y que permite a los jóvenes sentirse seguros, establecer vínculos significativos, aprender y afrontar el estrés de manera saludable.

Para profundizar en este tema, conversamos con Alejandra Iturra:

  • Psicóloga Clínica de la Universidad del Desarrollo, con Magister en Clínica Relacional con Niños y sus Padres.
  • Diplomada en “Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria” y “Técnicas Proyectivas”.
  • 14 años de experiencia laboral en el área de la psicología clínica, trabajando principalmente en la atención clínica de niños, niñas y adolescentes, tanto en el contexto público como privado.
  • Destacada por su formación en psicodiagnóstico relacional y evaluación neuropsicológica de niño, niña y adolescente.

Alejandra nos brinda una mirada cercana y fundamentada sobre los desafíos y estrategias que familias y colegios pueden implementar para favorecer el bienestar.

QUÉ ENTENDEMOS HOY POR SALUD MENTAL

“Hablar de salud mental en niños, niñas y adolescentes no es referirse solo a un trastorno o a la ausencia de éste. La salud mental es un estado de bienestar integral que implica la capacidad de sentirse seguro, de establecer vínculos significativos, de aprender y de afrontar situaciones de estrés propias del desarrollo”, explica Iturra.

En otras palabras, cuidar la salud mental no significa evitar los conflictos, sino enseñar a los jóvenes a enfrentarlos, mientras participan activamente en su comunidad familiar, escolar y social.

Este enfoque integral rompe con la idea de que la salud mental solo se activa ante un diagnóstico clínico. Más bien, se trata de promover habilidades y ambientes que favorezcan el desarrollo emocional y social, generando espacios donde los niños puedan expresarse y aprender a regular sus emociones.

DESAFÍOS ACTUALES PARA LAS FAMILIAS

El escenario actual para la salud mental infanto-adolescente es complejo.

No solo se han incrementado los diagnósticos, sino que han surgido nuevas formas de malestar vinculadas a cambios culturales, tecnológicos y sociales. “La pandemia no generó necesariamente más trastornos, pero sí agudizó situaciones latentes. Un estudio reciente del 2024, realizado en conjunto por la Universidad Andrés Bello y la Universidad de las Américas, estimó que un 60% de los jóvenes chilenos presentan síntomas de ansiedad o bajo ánimo”, comenta la psicóloga. Esta sintomatología, aunque no siempre constituye un trastorno, indica factores de riesgo: dificultades para dormir, sobreexposición a redes sociales, baja autoestima y estrés generalizado.

El impacto no se limita a los niños, sino que las familias también se ven afectadas, muchas veces sobrepasadas y sin herramientas para acompañar a sus hijos.

Otro desafío es el entorno digital. El uso excesivo de pantallas, videojuegos y redes sociales puede alterar patrones de sueño, atención y socialización, especialmente cuando los niños acceden sin supervisión adulta. “Es fundamental que los padres promuevan un uso consciente de la tecnología, estableciendo límites y acuerdos familiares sobre su uso”, agrega Iturra.

Finalmente, el bienestar de los cuidadores influye directamente en la salud mental de los hijos. Estudios sobre “Burn Out parental”, como los de la psicóloga María Josefa Escobar, muestran que el agotamiento emocional, la irritabilidad y la desconexión afectiva de los padres impactan la regulación emocional de sus hijos. Por eso, el autocuidado adulto no es opcional: es un ejemplo vivo para los niños de cómo manejar el estrés y mantener la estabilidad emocional.

EL ROL TRANSFORMADOR DE LOS COLEGIOS: “EL BIENESTAR EMOCIONAL DE LOS ADULTOS ES EL PRINCIPAL PREDICTOR DEL BIENESTAR EMOCIONAL DE LOS NIÑOS”

Durante los últimos años, los colegios han evolucionado en su manera de abordar la salud mental. “Hoy no se trata solo de apagar incendios cuando surgen las crisis, sino de promover un bienestar integral. Los equipos interdisciplinarios de bienestar escolar, que incluyen psicólogos y docentes capacitados, cumplen un rol preventivo y acompañan a los estudiantes de manera constante”, explica Iturra.

Además, la mirada se ha desplazado de lo individual a lo sistémico: el bienestar de un estudiante depende del clima en el aula, del entorno docente y de la relación con las familias. Alejandra recuerda con cariño lo comentado por una paciente adolescente, quien le contó que en su colegio hacían estaciones de juego, justamente para lograr que los estudiantes pudieran sentirse incluidos y al mismo tiempo desconectar de lo que se acostumbra día a día en esta era de tecnología.

Estos son programas de educación socioemocional, que incentivan la socialización fuera de las pantallas y espacios de diálogo y autocuidado dentro de la institución. Lo que también sirve como ejemplo concreto para las familias.

SEÑALES DE ALERTA, ¿QUÉ OBSERVAR?

Detectar a tiempo las señales de malestar emocional es fundamental para prevenir problemas mayores durante la adolescencia. Iturra explica que existen dos grandes formas en que los niños y adolescentes pueden manifestar su malestar: los síntomas externalizantes, que son visibles, disruptivos y los de sobreadaptación, más silenciosos, pero igual de relevantes.

1. SÍNTOMAS EXTERNALIZANTES

Son aquellos que se expresan hacia afuera y suelen llamar la atención de los adultos, como la irritabilidad, la tristeza evidente o las conductas desafiantes. Sin embargo, detrás de estos comportamientos hay procesos emocionales no resueltos.

“Cuando un niño se muestra irritable, desafiante o constantemente triste, en realidad está comunicando un malestar que no logra poner en palabras”.

Estos síntomas pueden incluir alteraciones del sueño, cambios en el apetito, pérdida de interés por actividades cotidianas, desmotivación y somatizaciones frecuentes como dolores de cabeza o de estómago sin causa médica aparente.

Estos indicadores, explica Iturra, no aparecen de un día para otro. Son el resultado de una acumulación de estrés, exigencias, inseguridad o falta de espacios seguros para expresar emociones.

“A veces, el problema no es la emoción en sí, sino la falta de acompañamiento para sostenerla. Un niño que siente miedo o frustración, pero no tiene un adulto que lo contenga, aprende a manifestarlo de manera más intensa o a través del cuerpo”.

2. SOBREADAPTACIÓN: EL MALESTAR SILENCIOSO

Muchas veces, la sobreadaptación nace en contextos donde los niños se vieron obligados a sostener emocionalmente a sus cuidadores. Iturra explica que esto ocurre cuando los adultos, por distintas razones: estrés, separación, duelo, problemas de salud mental o falta de recursos emocionales, no logran ejercer un rol contenedor estable y los niños asumen, inconscientemente, ese lugar.

“Hay niños que crecieron acostumbrados a estar bien, a no dar problemas, porque aprendieron que sus padres o adultos significativos estaban pasando por momentos difíciles y que lo mejor que podían hacer era no sumarles más carga”. En esos entornos, el mensaje que internalizan es claro: mostrar tristeza, enojo o cansancio no es una opción, porque eso podría preocupar o desbordar al adulto. Con el tiempo, esos niños desarrollan una especie de fortaleza aparente, volviéndose hiperresponsables, resolutivos y atentos a las necesidades de los demás.

“Son pequeños que aprendieron a leer el ambiente, a anticiparse a los estados de ánimo de sus cuidadores y a ofrecer calma y estabilidad en lugar de pedirla. Crecen convencidos de que deben ser los que sostienen, los que cuidan, los que no fallan”, agrega Iturra.

El resultado es una sobreadaptación emocional. Jóvenes que parecen tenerlo todo bajo control, que cumplen, que ayudan, que siempre están dispuestos, pero que no se permiten mostrar vulnerabilidad. “Son aquellos que siempre están bien, que no se quejan, que sacan buenas notas y que nunca dicen que algo les cuesta. Pero detrás de esa perfección aparente puede haber una enorme exigencia interna, miedo al error o temor a decepcionar”.

Iturra aclara que esta es una estrategia inconsciente de protección emocional. En su intento de cuidar a los demás, los niños dejan de cuidar de sí mismos. Y como su malestar no genera ruido, pasa inadvertido. “Estos niños no piden ayuda porque no saben cómo hacerlo, o porque sienten culpa al mostrarse vulnerables”, explica.

El riesgo de la sobreadaptación es que el malestar se acumula y se vuelve invisible. Años después, puede manifestarse en forma de ansiedad, insomnio, crisis de angustia o episodios depresivos durante la adolescencia o adultez temprana.

“Muchos de los adolescentes con síntomas de ansiedad o depresión fueron niños muy adaptados, muy funcionales, que parecían tenerlo todo bajo control, pero emocionalmente estaban agotados. Habían sostenido durante tanto tiempo que ya no les quedaban recursos para sostenerse a sí mismos”.

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ESTRATEGIAS EFECTIVAS: COMUNIDAD ESCOLAR Y FAMILIAS TRABAJANDO JUNTAS

Integrar la salud mental en la vida cotidiana de las comunidades educativas, y no solo en los momentos de crisis, es clave para el bienestar de los estudiantes. Según la profesional “la salud mental no se trabaja solo desde la oficina del psicólogo, sino que se construye también en la sala de clases, en el recreo, en las conversaciones con las familias y en los vínculos que se generan día a día”.

Por eso, los colegios que logran mejores resultados en este ámbito son aquellos que entienden el bienestar como una responsabilidad compartida. “La institución puede tener protocolos, profesionales y programas, pero si no hay una cultura de corresponsabilidad, donde todos se sientan parte del cuidado del otro, ese trabajo se diluye”.

1. PROMOVER UNA COMUNIDAD ESCOLAR EMOCIONALMENTE SEGURA

Iturra enfatiza que una comunidad emocionalmente segura es aquella donde los estudiantes sienten que pueden ser y expresarse sin miedo al juicio o la sanción. Esto requiere que los adultos, profesores, directivos, asistentes y familias desarrollen una mirada más comprensiva hacia las emociones y los comportamientos infantiles.

“Cuando un estudiante se muestra más desafiante o retraído, la pregunta no debería ser solo ‘¿qué hizo?’, sino también ‘¿qué le pasa?’. Ese pequeño cambio de enfoque transforma la manera en que acompañamos y contenemos a los niños”.

Para ello, los colegios están avanzando hacia modelos donde el bienestar no es una asignatura aislada, sino un eje transversal. Se promueven instancias de tutorías, asambleas de curso, acompañamientos personalizados y formación docente en regulación emocional, comunicación empática y resolución pacífica de conflictos.

La psicóloga destaca que la contención no es sinónimo de permisividad, sino de comprensión activa. “Acompañar emocionalmente no significa que todo esté permitido, sino que los límites se ponen desde la calma, no desde la reacción. Eso enseña a los niños a autorregularse y a confiar en los adultos”.

2. INCORPORAR PROGRAMAS DE EDUCACIÓN SOCIOEMOCIONAL

Los programas de educación socioemocional permiten abordar la salud mental desde la prevención y la promoción del bienestar. “Estos programas enseñan a los niños a identificar y expresar emociones, resolver conflictos, trabajar en equipo, desarrollar empatía y construir autoestima”, explica Iturra.

A diferencia de intervenciones puntuales, estos programas instalan un lenguaje emocional común entre estudiantes, docentes y familias. “Cuando toda la comunidad comparte el mismo vocabulario emocional, por ejemplo, saber qué significa frustrarse, validarlo y acompañarlo, se reduce la violencia, mejora la convivencia y se fortalecen los lazos de confianza”.

La psicóloga agrega que los colegios que aplican sistemáticamente estos programas han evidenciado una disminución significativa en conductas disruptivas y un aumento en los niveles de participación y motivación. “No es solo que los niños se porten mejor, es que se sienten más vistos, comprendidos y valorados”.

3. IMPLEMENTAR PROGRAMAS DE PARENTALIDAD POSITIVA

El bienestar escolar también depende del acompañamiento que reciben los estudiantes en sus hogares. Por eso, los colegios están promoviendo cada vez más programas de parentalidad positiva, orientados a fortalecer las habilidades emocionales de los padres y cuidadores.

Iturra explica que estos programas no buscan “enseñar a ser padres”, sino entregar herramientas para manejar el estrés, establecer límites saludables y fomentar vínculos afectivos estables. “Muchas veces los padres también están sobrecargados, con poco tiempo o sintiéndose inseguros frente a las necesidades emocionales de sus hijos. Estos espacios son una oportunidad para que comprendan que no se trata de hacerlo perfecto, sino de estar disponibles”.

El enfoque de la parentalidad positiva apunta a reemplazar los estilos punitivos o reactivos por una crianza más consciente y empática, donde el adulto aprende a regularse antes de intervenir. “Un padre o madre que logra autorregularse enseña sin hablar. El ejemplo es la herramienta más poderosa de aprendizaje emocional que tienen los niños”.

AUTOCUIDADO ADULTO: EL MOTOR DEL BIENESTAR INFANTIL

El bienestar de los adultos: padres, madres y docentes son el principal predictor del bienestar emocional de los niños. Regular el estrés, pedir ayuda y sostener rutinas saludables no solo protege a los adultos, sino que modela a los niños cómo manejar emociones y situaciones difíciles.

“La observación y el modelamiento son fundamentales. Si los adultos logran autorregularse, los niños aprenden a través de ellos”, enfatiza Iturra.

CINCO CONSEJOS CLAVES PARA FAMILIAS: QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

1. RUTINAS ESTABLES Y PROTECTORAS

Desde los primeros años de vida, las rutinas actúan como una red de seguridad emocional para los niños. “Las rutinas dan contención, estructura y previsibilidad”, explica la psicóloga. Tener horarios consistentes para dormir, alimentarse y realizar actividades familiares favorece la organización, además de transmitir tranquilidad y confianza. Durante la adolescencia, aunque los horarios cambien, mantener ciertos espacios estables, como las comidas en familia o un momento de conversación diaria, sigue siendo clave para el bienestar emocional.

2. VALIDACIÓN EMOCIONAL

Validar no es resolver los problemas de los hijos, sino reconocer lo que sienten. “Los niños necesitan que sus emociones sean vistas y nombradas, no minimizadas”, enfatiza. Cuando un adulto dice “entiendo que estés frustrado” o “veo que eso te pone triste”, está ayudando al niño a construir su lenguaje emocional y a sentirse comprendido. Esta práctica cotidiana fortalece la relación y enseña que todas las emociones son válidas, aunque no todas las conductas lo sean.

3. PLAN FAMILIAR FRENTE A LA TECNOLOGÍA

El uso de pantallas y redes sociales requiere límites claros y coherentes entre todos los miembros de la familia. “No se trata de prohibir, sino de acompañar y enseñar a usar la tecnología con criterio”. Sugiere acordar tiempos de desconexión, como las comidas o la hora antes de dormir y promover actividades sin pantallas que incentiven la creatividad, el descanso y la interacción cara a cara. En sus palabras: “El sueño, el juego libre y el contacto con otros son necesidades básicas que la tecnología no puede reemplazar”, el aburrimiento es necesario para el desarrollo de la creatividad.

4. ALIANZA COLEGIO-FAMILIA

La salud mental de los estudiantes se fortalece cuando familia y colegio trabajan en conjunto. “El colegio no puede hacerlo solo y los padres tampoco”, comenta. La participación activa de las familias en la comunidad escolar asistiendo a reuniones, talleres o instancias de diálogo, permite construir un entorno coherente y de apoyo mutuo. Esta alianza también facilita la detección temprana de dificultades emocionales o sociales y genera una red que contiene y orienta.

5. AUTOCUIDADO CONSCIENTE

Los adultos son el modelo emocional más poderoso para los niños. “Si queremos enseñar regulación, tenemos que regularnos primero”. Cuidar la salud mental de los cuidadores es una necesidad: implica darse permiso para descansar, pedir ayuda cuando sea necesario y mantener espacios personales que recarguen energía. Un adulto que se cuida transmite calma, empatía y coherencia emocional, factores fundamentales para el desarrollo socioafectivo de los niños.

Cuidar la salud mental de los niños, niñas y adolescentes es una labor compartida entre familias y colegios. No se trata solo de prevenir trastornos, sino de promover bienestar integral, habilidades socioemocionales y resiliencia, mientras se enseña a los jóvenes a navegar los desafíos de la vida con acompañamiento seguro y afectivo. Como subraya Iturra, “las emociones no son temas adicionales, son parte de la vida cotidiana y el cuidado de la salud mental es un compromiso de toda la comunidad”.

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Diversificación del Aprendizaje: Potenciando a cada Estudiante

Diversificación del Aprendizaje: Potenciando a cada Estudiante

Frente a un mundo cambiante, nuestro enfoque pedagógico busca formar estudiantes creativos, autónomos y resilientes. Las prácticas, tecnologías y formas de acompañamiento que aplicamos están diseñadas para preparar adultos capaces de sortear los desafíos del futuro.

En Dunalastair creemos que no todos los niños aprenden de la misma manera. Cada uno tiene ritmos, intereses y talentos distintos, y nuestra misión como colegio es ofrecerles las oportunidades necesarias para alcanzar su máximo potencial.

Esta mirada es compartida por el especialista en educación, director de Fundación CIFREP (Children’s International Foundation for Research, Education & Peace) Matías Knust, quien plantea que “todos aprendemos de diversas maneras, de acuerdo a las realidades familiares y culturales que hemos vivido. Un aspecto central es escuchar activamente a las niñas y niños, para poder facilitar, ofrecer e invitarlos a desarrollar aprendizajes de acuerdo a sus intereses”. Reconocer esas diferencias es el punto de partida para una educación verdaderamente significativa.

Esta convicción es fundamental también para nuestra Coordinadora Académica, Mariana Doren, quien explica que los procesos de aprendizaje son individuales. “Todos los seres humanos respondemos de diferentes formas a los estímulos que el mundo nos brinda, por ende, nuestros caminos de aprendizaje también toman rutas distintas. Reconocer diversas formas de aprender dentro de una sala de clases desafía a los docentes a enseñar también de manera diversificada”.

La diversificación del aprendizaje no significa bajar el nivel o facilitar el camino; significa ofrecer distintas rutas hacia un mismo objetivo. Esto implica que cada estudiante pueda avanzar desde su propio punto de partida, con desafíos adecuados a sus capacidades, para lograr aprendizajes profundos. Mariana Doren señala que “cuando uno es consciente de estas diferencias, tiene la obligación de atenderlas para brindar oportunidades equitativas a todos los estudiantes, considerando intereses, habilidades, conocimientos previos y vías diferenciadas para adquirir nuevos aprendizajes”.

Knust complementa esta idea destacando que la diversificación no se reduce a aplicar técnicas aisladas, sino a una convicción institucional profunda: “No se trata solo de implementar una práctica o estrategia, sino de hacer carne un proyecto educativo que incorpora la diversidad de estudiantes de forma respetuosa, considerando distintos ritmos e intereses. El aprendizaje debe empoderar a niños y niñas como verdaderos creadores de conocimiento y no como meros repetidores de contenido”.

Diversificar para incluir

Diversificar no es separar ni etiquetar; es abrir más caminos para llegar al aprendizaje. En nuestras salas, esto se materializa en metodologías activas y flexibles que promueven la participación, la experimentación y la autonomía.

Como detalla Mariana Doren, “en Dunalastair, metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos, promueven instancias donde el aprendizaje se diversifica, la voz del estudiante está presente y éste se transforma en protagonista de sus propios procesos. Los estudiantes colaboran, ponen al servicio sus fortalezas y aprenden de sus pares”.

Desde la mirada de Knust, este enfoque cobra especial fuerza cuando se conecta con la experiencia directa: “El aprendizaje vivencial, especialmente en los primeros años, es fundamental. Las experiencias fuera del aula, en la naturaleza, en espacios culturales o en el entorno cercano, generan aprendizajes llenos de sentido y emoción. A través del juego —recuperando al homo ludens— niños y niñas aprenden de forma integral”.

A través de programas como D-Inquiry, D-Project y D-Thinking, los estudiantes avanzan progresivamente desde la indagación temprana hacia procesos más complejos de argumentación y resolución de problemas. Esta estructura permite que cada estudiante se desarrolle a su ritmo, integrando lo cognitivo, lo socioemocional y lo tecnológico.

Tecnología al servicio del aprendizaje personalizado

La diversificación se potencia con herramientas tecnológicas que permiten personalizar el acompañamiento, siempre con un sentido pedagógico claro. Un ejemplo es Eduten, plataforma de matemáticas que genera rutas de aprendizaje ajustadas al nivel y ritmo de cada estudiante.

Mariana Doren explica que “las rutas se van adaptando a cada estudiante, lo que permite al docente monitorear el progreso y planificar apoyos específicos o nuevos desafíos, favoreciendo avances seguros dentro de la zona próxima de desarrollo”.

Desde su mirada experta, Knust enfatiza la importancia de un uso consciente y gradual de la tecnología: “Mientras más pequeños, menos tecnología. Primero es fundamental aprender a leer, escribir, reconocer el entorno y generar sentido de pertenencia. La tecnología debe introducirse con intención pedagógica y desde una lógica creativa, entendiendo la diferencia entre ser usuario y ser creador”. En este sentido, la tecnología se concibe como una herramienta para crear, investigar y comunicar, no como un fin en sí mismo, como se explica en el Reportaje Digital Culture de DunaBlog.

Una comunidad que acompaña

La diversificación del aprendizaje no ocurre en solitario: requiere un trabajo colaborativo entre colegio y familias. A través del programa D-Parents, los apoderados reciben herramientas para acompañar el desarrollo académico y emocional de sus hijos.

En Dunalastair docentes y familias cumplen un rol fundamental, ya que diseñan y acompañan desde el ámbito escolar y familiar los procesos de aprendizaje. Esta alianza es clave para que los procesos formativos sean consistentes y significativos.

Para Knust esa coherencia es esencial: “Cuando las visiones éticas y valóricas de las familias conversan fluidamente con el proyecto educativo institucional, es mucho más fácil trabajar juntos. La comunicación empática y la congruencia entre hogar y colegio fortalecen el desarrollo integral de niños y niñas”.

Educar para un futuro desconocido

En un mundo donde los cambios son constantes, diversificar el aprendizaje significa preparar a los estudiantes para enfrentar la incertidumbre con creatividad, resiliencia y pensamiento crítico.

Mariana Doren lo resume con una analogía clara: “Los altos estándares académicos son la meta. La diversificación es lo que permite generar rutas diferentes para cada estudiante. Todos parten desde la base y la meta es la cima; la diferencia está en el tamaño del peldaño que cada uno debe subir”. La diversificación del aprendizaje es, en definitiva, una filosofía que reconoce la riqueza de la diversidad humana y confía en que, con las herramientas adecuadas y el acompañamiento correcto, cada niño puede brillar.

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Educar con emoción: la apuesta socioemocional de Dunalastair

Educar con emoción: la apuesta socioemocional de Dunalastair

Además de los logros académicos, lo que marcará a los estudiantes para toda la vida son las herramientas para conocerse, regular sus emociones y construir relaciones sanas. En Dunalastair, el bienestar está en el centro del aprendizaje.

En los últimos años, la Educación Socioemocional —o SEL, por sus siglas en inglés: Social Emotional Learning — ha ido ganando protagonismo en colegios de todo el mundo.

Naciones como Finlandia, Singapur o Canadá la han integrado como parte central de sus programas, convencidos de que las habilidades para reconocer y gestionar emociones, trabajar en equipo y resolver conflictos son tan importantes como aprender matemáticas o ciencias. La UNESCO y la OCDE han enfatizado que el bienestar y la salud mental de los estudiantes son condiciones esenciales para el aprendizaje profundo. Esta tendencia global responde a una necesidad urgente: formar a niños y jóvenes que no solo se nutran de conocimientos, sino que también sean capaces de vivir con equilibrio, empatía y resiliencia en un mundo en constante cambio.

En Dunalastair están convencidos de que educar no es solo transmitir contenidos, es formar personas íntegras, autónomas, resilientes y capaces de enfrentar los desafíos de la vida con confianza y bienestar. Forman estudiantes que son agentes de su propio aprendizaje a través de la seguridad. Por eso, la Educación Socioemocional no es un complemento de su proyecto educativo, sino un pilar que cruza cada rincón de la vida escolar. Como resume Rosario Borel, Safeguarding Director: “Sin bienestar no hay aprendizaje profundo”.

Su mirada es clara: enseñar solo tiene sentido si va acompañado de vínculos, de un espacio seguro y de estudiantes que se sienten vistos, escuchados y valorados. No es casualidad que una de las frases que más los identifica sea: “Si no puedes emocionar, no puedes enseñar”. Rosario explica que el aprendizaje ocurre cuando hay vínculo, cuando el profesor conecta con sus estudiantes y logra que cada clase sea una experiencia de confianza. “Nuestros docentes buscan que la emoción sea motor del aprendizaje, generando espacios seguros donde los niños puedan equivocarse, crear y expresarse sin miedo”, añade.

Ignacia Montes, psicóloga infanto-juvenil con más de 10 años de experiencia, explica que el aprendizaje se dificulta cuando no están las condiciones óptimas: “Cuando un niño se siente en un ambiente amenazante (estos pueden ser ambientes con poca claridad en la rutina, donde hay gritos, se siente juzgado o recibe críticas), el sistema nervioso interpreta el entorno como inseguro y entra en modo supervivencia. En este estado, la energía disponible va a protegerse, no a aprender”.

La evidencia lo confirma: cuando los estudiantes logran regular sus emociones, manejar la frustración o trabajar en equipo, su rendimiento académico mejora directamente. Se concentran más, desarrollan resiliencia y se sienten motivados para seguir aprendiendo. En Dunalastair cuidan tanto lo académico como lo socioemocional porque saben que ambos se potencian mutuamente. Desde los más pequeños en Infant, pasando por los de edad mediana en Junior, hasta los jóvenes de Senior, cada etapa cuenta con estrategias adaptadas, creadas por nuestros Equipos Multidisciplinarios (EMD): juegos de exploración emocional, rutinas en aula, comunidades de curso, liderazgo y preparación para la vida universitaria. Todo dentro de un marco coherente que acompaña a los estudiantes en cada paso de su trayectoria escolar.

La educación socioemocional en Dunalastair no se queda en el discurso: se vive en el día a día. Existen iniciativas como el Programa de Desarrollo Personal y Social (PDPS), donde se trabajan temas como la sana convivencia, el autocuidado y la salud mental; la sala de contención emocional, que muchos llaman con cariño “la enfermería del corazón”; y los HITOS familiares, encuentros entre padres, madres e hijos que invitan a conversar sobre temas del desarrollo vital y fortalecen el vínculo familiar. A esto se suman las Assemblies y Class Councils, que permiten escuchar la voz de los estudiantes, y celebraciones como el Global Be Well Day, un día al año en el que los más de 100 colegios de Cognita alrededor del mundo se unen para recordar que el bienestar es un compromiso colectivo, asignando una temática, que este año es “Connect”. Este encuentro invita a conectar con nosotros mismos, con nuestros pares y con el entorno, y se vive con gran emoción en Europa, Estados Unidos, Asia, Medio Oriente, Latinoamérica y, por supuesto, en Dunalastair.

Nada de esto tendría el mismo sentido sin la participación de las familias. Como recalca Rosario: “Los apoderados son socios esenciales, conforman nuestra triada más importante: familia, colegio y estudiante”. Por eso, los talleres, charlas y los HITOS buscan entregar herramientas que permitan a los padres acompañar en casa lo que se trabaja en el colegio. La coherencia entre ambos espacios es clave para consolidar hábitos de autocuidado, comunicación efectiva y resolución de conflictos. Ignacia Montes complementa: “Hoy necesitamos familias y colegios que promuevan espacios donde niños, niñas y jóvenes tengan la oportunidad de aprender y equivocarse sin juicio, donde se ofrezcan espacios reales de intercambio de opiniones y donde puedan confiar en ellos mismos y en los demás”.

Para el colegio, el mensaje es claro: la Educación Socioemocional es la base de un aprendizaje integral y duradero. “Educar no es solo enseñar contenidos, sino formar personas íntegras y resilientes. La educación socioemocional entrega a los niños herramientas para enfrentar la adversidad, construir relaciones sanas y tomar decisiones responsables”, enfatiza Rosario. En esta línea, Ignacia refuerza: “Los colegios deben ofrecerse como un lugar seguro, donde los estudiantes se sientan parte de un grupo que los valora tal cual son, donde el foco esté en promover la seguridad y no la perfección, y donde el valor no esté puesto en lo que logran, sino en quienes son”.

Como parte de la red Cognita, Dunalastair se alinea con estándares internacionales en bienestar y Safeguarding, garantizando que todos los estudiantes crezcan en un entorno seguro, libre de abusos y daños. Este compromiso se refleja en capacitaciones permanentes a la comunidad escolar, en protocolos claros de prevención y actuación frente a riesgos, y en la promoción activa de una cultura de buen trato y autocuidado también en el ámbito digital. Inspirados en los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño, estos lineamientos buscan asegurar que cada niño, niña y adolescente pueda desarrollarse de manera plena y equilibrada en lo académico, lo social y lo emocional. En coherencia con ello, el colegio mantiene estrictas políticas de reclutamiento seguro, con procesos de selección rigurosos —que incluyen la revisión de antecedentes incluso antes de las entrevistas— y la formación de todos los candidatos en Safeguarding.

Para Dunalastair, educar con emoción es educar para la vida. Y en ese camino, colegio y familias avanzan juntos, convencidos de que el bienestar de los estudiantes es la mejor herencia que se les puede entregar.

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La cultura digital: El nuevo lenguaje de la educación

La cultura digital: El nuevo lenguaje de la educación

Desde la primera infancia, los estudiantes aprenden a usar la tecnología de forma crítica, creativa y segura. Docentes capacitados, herramientas innovadoras y metodologías activas impulsan este cambio.

En un mundo que cambia a la velocidad de un clic, la educación también se transforma. Hoy más que nunca, preparar a los niños, niñas y adolescentes para el futuro implica dotarlos de herramientas digitales, pensamiento crítico y una relación sana con la tecnología.

Es por eso que en Dunalastair, parte del Grupo Cognita, una red de más de 100 colegios alrededor del mundo, están convencidos de que la cultura digital no es solo saber usar un tablet o una app, sino construir, desde sus valores, una forma consciente, ética y colaborativa de habitar el mundo digital.

“Para nosotros, la cultura digital tiene que ver con construir una visión educativa donde la tecnología potencie el desarrollo de competencias digitales esenciales en los estudiantes”, explica Macarena del Castillo, Coordinadora de Cultura Digital de Dunalastair School.

Desde pequeños, protagonistas del cambio

En Dunalastair, educar con propósito significa preparar a los estudiantes para ser ciudadanos del siglo XXI, capaces de desenvolverse con responsabilidad, creatividad y confianza en entornos digitales. Por eso, promueven el concepto de Digital Enabled Learners, jóvenes que no solo usan la tecnología, sino que aprenden con ella para mejorar el mundo.

Como señala Mario Saavedra @macgenio, experto en educación digital: “Enseñar sin cultura digital hoy es como enseñar a nadar sin agua. ¿Queremos formar niños preparados o turistas en el mundo digital? Porque ese mundo ya está aquí, no es una novedad ni una elección bonita. Los niños hoy nacen haciendo scroll antes de caminar, pero eso no significa que entiendan lo que están haciendo.”

La incorporación de la tecnología en Dunalastair comienza de forma paulatina, adaptada a cada etapa del desarrollo. Desde Prekinder, los estudiantes comienzan a aprender sobre ciudadanía digital mediante sesiones integradas en el Programa de Desarrollo Personal y Social (PDPS), que suma contenidos del prestigioso referente Common Sense Education, iniciativa estadounidense que ofrece recursos para enseñar ciudadanía digital y uso responsable de la tecnología en niñas, niños y jóvenes.

En 1° básico, los niños y niñas comienzan a utilizar tablets con fines pedagógicos muy concretos a través de diversas aplicaciones. Una para matemáticas gamificada, Eduten (3° a 6° básico) y otra para la enseñanza de pensamiento computacional y ciudadanía digital a través de la plataforma Code.org (1° a 6° básico).

“La cultura digital no es saber usar un iPad para ver monitos en YouTube, es comprender el entorno en el que crecen: desde saber lo que es una huella digital hasta entender por qué TikTok les muestra lo que les muestra. Es urgente que desde pequeños entiendan cómo proteger su información, cómo comunicarse de forma respetuosa en línea y cómo ser ciudadanos digitales activos, no zombies pasivos del algoritmo”, agrega Saavedra.

Esta incorporación temprana permite un desarrollo progresivo de las competencias digitales, que se consolidan a lo largo de la trayectoria escolar.

¿Qué es ser un estudiante digital?

En Dunalastair, formar estudiantes digitales implica desarrollar cuatro grandes competencias, de forma articulada en todas las etapas de los estudiantes:

  • Ciudadanía digital: actuar con responsabilidad y seguridad en entornos virtuales, construir una huella digital positiva y autorregular el tiempo frente a pantallas.
  • Aprendizaje digital: utilizar herramientas tecnológicas para investigar, crear y organizar información, respetando principios de probidad académica.
  • Colaboración digital: trabajar en equipo y comunicarse eficazmente a través de plataformas digitales.
  • Innovación digital: aplicar metodologías como el Design Thinking para detectar problemas, idear soluciones, prototiparlas y comunicarlas con creatividad.

Tecnología al servicio del aprendizaje

Dunalastair se ha transformado en un laboratorio vivo de innovación educativa. En Junior School (1° a 6° básico), además de utilizar aplicaciones de pensamiento computacional y lectura adaptativa, se incorpora el programa Eduten, una plataforma de matemáticas finlandesa basada en gamificación, que convierte el aprendizaje en un entorno lúdico, adaptativo y efectivo.

En Senior School (7° básico a IV° medio), se profundiza el desarrollo tecnológico mediante el uso del FabLab, Fabrication Laboratory. Un laboratorio de fabricación digital donde los estudiantes pueden diseñar, prototipar y construir usando tecnologías de vanguardia como cortadoras láser, impresoras 3D, software de diseño 2D y 3D y acceso a talleres de robótica para quienes desean ir más allá del currículum.

Además, como parte de los Innovation Labs de Cognita Schools, ha comenzado un piloto, a través de incorporación progresiva y guiada de Inteligencia Artificial Generativa, de Realidad Virtual (VR) en 8° básico de Dunalastair Las Condes, donde los estudiantes participarán en clases de bioscience inmersivas mediante lentes de VR. Los docentes han sido capacitados para diseñar experiencias auténticas y significativas con esta tecnología.

La transformación digital no solo involucra a los estudiantes, los docentes también son agentes clave del cambio. Dunalastair ha establecido un modelo de formación continua enfocado no solo en el uso técnico de plataformas, sino en repensar la enseñanza desde su raíz.

Uno de los modelos que guía este proceso es PICRAT, que ayuda a los docentes a evaluar cómo la tecnología afecta tanto el grado de involucramiento del estudiante como la intención pedagógica del profesor.

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Además, el colegio impulsa una cultura de desarrollo profesional constante a través de jornadas de reflexión pedagógica y capacitación continua. Los docentes cuentan con espacios digitales dentro de la institución, donde acceden a seminarios, webinars y charlas, enfocados en innovación educativa. Por otra parte, se fomenta fuertemente el aprendizaje colaborativo, generando instancias en las que los equipos docentes comparten buenas prácticas para enriquecer su labor en el aula. Por último, cada sede de Dunalastair cuenta con Digital Learning Champions, profesores líderes que apoyan la integración de tecnología y promueven una cultura institucional de innovación.

“Nuestro foco es acompañar a los profesores en el mindset del docente en la era digital”, señala Macarena, quien además agrega que “El cambio no es solo técnico, es también pedagógico y cultural”.

En la misma línea, Saavedra destaca el papel clave de los profesores: “El rol de ellos hoy es ser facilitador, curador, guía y hasta coach emocional digital. Pero para lograr eso, hay que dejar de lanzarlos al agua sin salvavidas. Capacitación constante, mentorías reales, espacio para equivocarse y crear comunidad son clave. Y algo aún más urgente: escucharlos.

Actualmente el Grupo Cognita está vinculado con importantes referentes internacionales que impulsan esta digitalización. Expertos del MIT (Massachusetts Institute of Technology), durante los últimos tres años han venido a nuestro colegio a realizar cursos de programación Python, básico y avanzado, para estudiantes de I° a IV° medio. Esto para compartir experiencias y desafíos con estudiantes interesados en ciencia, tecnología y robótica. Estas instancias permiten ampliar horizontes, motivar a los estudiantes a desafiarse y conectarse con estándares globales, preparándolos para un mundo cada vez más interconectado.

Familias conectadas al proceso

Por otra parte, sabemos que este cambio también debe involucrar a las familias. Por eso, desde el área de bienestar y autocuidado digital, se desarrollan seminarios, charlas, talleres y encuentros padre-hijo adaptados a cada edad.

Acá se abarcan temas como la huella digital, uso de redes sociales, ciberacoso y desconexión digital entre otros. Se trata de un ciclo de instancias que se enmarca dentro del D-Parents, un acompañamiento a nuestras familias desde Playgroup hasta IV° medio. Para el experto en cultura digital, el rol de las familias en el uso de la tecnología en nuestros niños es fundamental: “El error es pensar en extremos: o la niegan y la restringen como si fuera una droga dura, o la reparten como dulces sin supervisión. El equilibrio está en usar tecnología con propósito. ¿Para qué sirve esta app? ¿Me ayuda a aprender o me distrae? ¿Estoy más conectado o más solo?”

Dunalastair: innovación con propósito

En línea con las tendencias globales, como el aprendizaje personalizado, la incorporación de IA en el aula y el desarrollo de habilidades del siglo XXI, Dunalastair no solo sigue el ritmo: marca el paso.

En esta línea es que se creó un Consejo Académico Consultivo, que busca reconocer y examinar tendencias educativas internacionales, con el fin de integrar aquellas que aporten valor al proyecto educativo. La cultura digital es uno de los punto clave del Consejo, presidido por John Mackenzie, que está monitoreando de cerca lo que está pasando en los países más avanzados en este tema y también adelantándose a lo que está por venir.

La visión a futuro es clara, seguir innovando para que cada estudiante tenga la posibilidad de crear, explorar y comunicar desde sus propios intereses, y que tanto profesores como familias se sientan parte de este desafío común.

“Espero que nuestros estudiantes continúen accediendo a nuevas tecnologías para crear y comunicar sus aprendizajes, que los profesores se sientan seguros de brindarles oportunidades en la era digital y que exista un ecosistema que las habilite”, concluye Macarena del Castillo.

Porque la educación del futuro se construye hoy, Dunalastair ya comenzó.

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Hablemos de innovación: Dunalastair como pionero en educación sostenible

Hablemos de innovación: Dunalastair como pionero en educación sostenible

En un mundo cada vez más afectado por el impacto que tiene el ser humano sobre la naturaleza, la sostenibilidad se ha convertido en un concepto clave dentro de la educación. Pero, ¿qué significa realmente este término? La sostenibilidad es el equilibrio entre el uso de recursos naturales, el desarrollo económico y el bienestar social sin comprometer a las futuras generaciones.

Reducir la huella de carbono es una de las estrategias fundamentales para lograr la sostenibilidad, ya que permite minimizar el impacto ambiental, combatir el cambio climático y promover el uso responsable de los recursos. Las acciones sostenibles, como el uso de energías renovables, la eficiencia energética y el reciclaje, entre otros, contribuyen a disminuir esta huella y a construir un futuro más equilibrado y amigable con el planeta.

Actualmente el mundo exige respuestas concretas, es por eso que Dunalastair —parte de Grupo Cognita, una red de más de 100 colegios alrededor del mundo, que también cuenta con una estrategia de sostenibilidad, como explican en su Reporte de Sostenibilidad 2023, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU— ha asumido un rol protagónico respecto a esta temática. No se trata solo de enseñar teoría en las salas de clases, sino de aplicar principios para cuidar el entorno en la práctica diaria. A través de una serie de iniciativas innovadoras, se han propuesto reducir el impacto ambiental y fomentar la conciencia sobre el mundo que los rodea.

“La sostenibilidad no es solo un tema más: es una mirada transversal que enriquece todas las áreas del conocimiento y potencia liderazgos con sentido. Cuando los estudiantes aprenden desde pequeños a cuidar el entorno y valoran los recursos naturales, se convierten en agentes de cambio”, explica Felipe León, director de Diario Sustentable.”

Josefina Montero, estudiante de I° medio de Dunalastair y parte del ‘Green Team’ del colegio, señala: ‘En mi experiencia, el colegio me permitió entender cómo uno podía ayudar al medioambiente con hábitos sencillos. Y que es posible ser una ayuda sin tener que sacrificar nada, sino que con costumbres y teniendo conciencia de cómo afectan tus acciones al medio.’

Por su parte, el profesor Sebastián Cáceres, de ciencias naturales y biología del mismo establecimiento, es claro en agregar: ‘Creo que en mi familia lo más importante es la educación ambiental, comprender que los cambios que está sufriendo el clima de nuestro planeta no son naturales y que, como especie, debemos adaptarnos a estas nuevas condiciones, y para hacerlo hay muchas alternativas. Pero creo que lo más importante es comprender que no está bien sentir angustia respecto a lo que está ocurriendo en el planeta. Todos tenemos que aportar, pero el real impacto de lo que está pasando está bastante lejos de lo que tú puedes controlar inmediatamente.’

Midiendo para mejorar: Huella de Carbono y el Sello Huella Chile

Comprometerse con el medioambiente requiere medir el impacto y tomar decisiones informadas. Por eso, el año 2022, la institución comenzó a implementar un sistema de medición de la huella de carbono, que permite evaluar sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y buscar estrategias para reducirlas. Gracias a este esfuerzo, por dos años consecutivos han recibido el Sello Huella Chile, un importante reconocimiento otorgado por el Ministerio del Medio Ambiente que certifica a las organizaciones que trabajan activamente en la reducción de su impacto ambiental.

“No basta con hacer pequeños cambios, es necesario medir el impacto para saber cuáles son nuestras áreas de mejora. Con esta certificación, reforzamos nuestro compromiso con la sustentabilidad”, afirman desde la comunidad educativa.

El especialista en temas de sustentabilidad, que cuenta con uno de los medios de comunicación más importantes de Chile en estas materias, agrega: ‘Que los colegios midan su huella de carbono refleja un compromiso real con el medioambiente y los posiciona como referentes educativos con visión de futuro’. Además, destaca que: ‘Medir la huella conecta a estudiantes y docentes con una acción concreta que impacta positivamente al planeta, enseñando con el ejemplo’.

Para el colegio, este logro es solo el comienzo de un camino por el medioambiente, que es columna vertebral en su educación, ya que están trabajando arduamente en el desarrollo de una meta de reducción y una política de sostenibilidad que refuerce su rol como agentes de cambio.

Energía solar: un paso firme hacia la sustentabilidad

Siguiendo esta misma línea, el establecimiento escolar ha apostado por la energía renovable con la instalación de una planta fotovoltaica en su sede de Chicureo, un hito clave en su compromiso ambiental. Este sistema, diseñado para abastecer gran parte del consumo eléctrico del colegio, no solo reduce significativamente la dependencia de fuentes de energía convencionales, sino que también disminuye la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). La planta es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede integrarse en la educación para generar cambios positivos y concretos.

“Queremos que nuestros alumnos sean testigos de que la transición hacia un modelo sustentable es posible y que la energía solar es una solución viable para cualquier institución”, explican desde la dirección del colegio.

Otro claro ejemplo del rumbo que está tomando la institución hacia la sostenibilidad es el sistema de compostaje que han instaurado. De la mano del Sr. Compost, la iniciativa nace como un piloto desde el laboratorio de la sede de Chicureo, a cargo de profesoras del Centro de Desarrollo Científico (DDC) y tres alumnas de séptimo básico. Hoy trabajan a toda máquina para replicar el modelo en las sedes de Las Condes y Peñalolén. Esta iniciativa permite transformar los restos de comida en abono natural, cerrando el ciclo de los residuos y fomentando la economía circular.

El compost generado es utilizado en la huerta escolar, un espacio donde los estudiantes pueden aprender sobre agricultura sustentable y alimentación saludable. Sin embargo, a través de lo anterior, se estudian más alternativas gracias a la alta cantidad de humus y lixiviado que han logrado extraer. Este último concepto hace alusión al líquido que se forma cuando el agua se filtra a través de materiales sólidos, como residuos sólidos o suelos, disolviendo y transportando sustancias químicas.

Es un problema ambiental en vertederos, ya que puede contaminar el suelo y las fuentes de agua si no se gestiona adecuadamente. La idea es inculcar en los niños y niñas la importancia de reducir los desechos y comprender que cada acción cuenta en la lucha por un mundo comprometido con el medio ambiente. Este proceso produce un fertilizante rico en nutrientes que puede ser utilizado para enriquecer el suelo en jardines y huertos.

Dentro de este contexto, el colegio adoptó el método Bokashi, compostaje anaeróbico que utiliza microorganismos para descomponer los restos de alimentos y otros desechos orgánicos.

Si bien estos son los proyectos más emblemáticos, Dunalastair ha desarrollado diversas iniciativas para consolidar su compromiso ambiental. Entre ellas se encuentra el Green Team: profesores a cargo de un grupo de estudiantes voluntarios que lideran actividades ecológicas y de sensibilización dentro de la comunidad educativa; o bien el proyecto de reforestación, programas para restaurar ecosistemas locales y de la Asociación de Colegios Británicos de Chile (ABSCH).

Un esfuerzo comunitario

El compromiso de Dunalastair con la sostenibilidad trasciende las aulas y se convierte en un modelo a seguir para otras instituciones. Con cada panel solar instalado, cada kilo de residuos compostados y cada estudiante involucrado, el colegio demuestra que la educación puede ser una poderosa herramienta de cambio.

Desde las políticas gubernamentales hasta la participación de las familias, cada acción cuenta para construir un futuro más responsable con el planeta. La tarea de formar ciudadanos comprometidos con el medioambiente empieza en las aulas, pero su impacto puede trascender generaciones.

‘La sostenibilidad se construye colectivamente, y la comunidad escolar es el corazón de ese cambio. Profesores que integran temas ambientales, estudiantes que impulsan campañas y familias que replican hábitos en casa, generan un ecosistema coherente y poderoso’, señala León.

Ejemplos como el de Dunalastair nos recuerdan que construir un futuro más sostenible es posible, y que cada acción cuenta en el desafío de proteger el planeta. En este sentido, la pregunta es clara: ¿estamos realmente preparados para asumir el desafío? La respuesta depende de la voluntad colectiva de educar con conciencia y actuar con responsabilidad.

¿Cómo podemos seguir aportando? ¿Qué más necesitamos saber? Claramente mucho, pero podemos avanzar poco a poco.

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