Educar también es cuidar. Salud mental escolar y prevención: los nuevos desafíos del acompañamiento
CONVIVENCIA, REGULACIÓN EMOCIONAL Y EQUIPOS MULTIDISCIPLINARIOS
APARECEN HOY COMO EJES CENTRALES EN UNA EDUCACIÓN QUE YA NO PUEDE
PENSARSE SOLO DESDE UNA PERSPECTIVA ACADÉMICA
Durante mucho tiempo, el debate sobre educación estuvo centrado en aprendizajes, rendimiento académico e innovación pedagógica. Hoy esa conversación se ha ampliado. El bienestar emocional, la convivencia escolar y la prevención se han instalado con fuerza dentro de las comunidades educativas.
Raimundo Ramírez, psicólogo educacional, señala la importancia de entender que la formación no ocurre solo en el plano académico. A su juicio, los establecimientos educativos están llamados a mirar a los estudiantes en toda su complejidad, reconociendo que cada niño o joven llega al aula con una historia, con emociones, con desafíos familiares y, en muchos casos, con necesidades específicas de acompañamiento.
Desde esa perspectiva, Raimundo afirma que los equipos multidisciplinarios han dejado de ser un recurso complementario para transformarse en una necesidad fundamental. Más aún, plantea que no deberían seguir siendo vistos como un privilegio disponible solo en ciertos contextos educativos. Asimismo, le parece preocupante que mientras algunos establecimientos cuentan con estructuras consolidadas de apoyo, en muchos colegios estos equipos aún son escasos, limitando posibilidades de acompañamiento que hoy parecen cada vez más necesarias.
Su relevancia, explica el psicólogo, está en ofrecer una mirada integral sobre situaciones que muchas veces desde lo pedagógico aparecen de forma parcial. “Un estudiante que no logra concentrarse, que se muestra desafiante o que presenta dificultades para vincularse puede estar expresando ansiedad, una condición neurodivergente o tensiones emocionales que requieren ser comprendidas desde distintas disciplinas. Es ahí, donde aparece el valor de un trabajo conjunto entre psicólogos, psicopedagogos, terapeutas ocupacionales, orientadores y equipos de convivencia, capaces de leer con mayor profundidad lo que ocurre detrás de ciertas conductas” explica Raimundo.
Igualmente, el psicólogo hace hincapié en que un profesor puede identificar si un niño o niña no pone atención, pero un equipo multidisciplinario tiene la capacidad de ver más allá, reconociendo que dichas conductas pueden responder a ansiedad, a un diagnóstico o a problemas conductuales. En esa diferencia, se trabaja una manera distinta de acompañar.
Raimundo plantea que el verdadero valor de estos equipos no está solo en sumar especialistas, sino en permitir un análisis más completo de las situaciones escolares. Desde distintas miradas, añade que es posible construir una contención integral, comprender mejor las necesidades de los estudiantes y generar respuestas más pertinentes.
Cabe destacar que, desde la mirada de él, el alcance de estos equipos va mucho más allá del trabajo con estudiantes. “Parte importante de mi función como psicólogo escolar, está en sostener a la comunidad adulta que rodea a los estudiantes. Docentes, equipos directivos y familias forman parte de esa red que muchas veces necesita apoyo para enfrentar situaciones complejas, especialmente en un escenario donde las exigencias emocionales han aumentado”.
Ese enfoque comunitario tiene aún más sentido cuando se observan episodios críticos de violencia escolar que han marcado el debate recientemente. Casos como el ocurrido en Calama, plantea Raimundo, han tensionado una idea que durante mucho tiempo parecía asumida: que los espacios educativos eran un lugar relativamente ajeno a los conflictos que atraviesa la sociedad. Actualmente, esa idea parece mucho menos clara.
La violencia, las dificultades en regulación emocional y ciertos conflictos sociales, no quedan fuera del colegio; también se manifiestan dentro de él. Y eso, a su juicio, obliga a mirar la prevención desde una perspectiva más amplia. No solo preguntarse cómo reaccionar frente a una crisis, sino cómo construir condiciones que permitan anticiparse.
En esta reflexión, Raimundo insiste en que la regulación emocional no puede entenderse como algo que se trabaja solo cuando aparece un problema. Debe comenzar desde edades tempranas, como parte de la formación cotidiana. Desde su mirada, ese trabajo preventivo es inseparable de una cultura escolar que enseñe a convivir, contener y tramitar conflictos antes de que escalen.
Así mismo funciona con la anticipación de los protocolos y simulacros de emergencia, aunque considera que son necesarios, cree que la discusión no puede limitarse a su existencia, sino que debe centrarse en cómo se implementan y cómo son vividos por los estudiantes. “Mi preocupación apunta especialmente a niños y niñas neurodivergentes, quienes muchas veces experimentan los cambios abruptos de rutina de maneras particularmente intensas. Estudiantes con Trastorno por Déficit de Atención (TDA) o dentro del espectro autista, no solo requieren apoyos específicos, sino que perciben el mundo de una manera distinta, y cualquier estímulo que los lleve al límite puede generar angustia o desregulación”.
Debido a esto, el insiste en la anticipación como criterio fundamental. No como un detalle operativo, sino como una forma de cuidado. Hoy existen muchos planes de acompañamiento individual y estrategias específicas, como los Protocolos de Desregulación Emocional o Conductual (DEC) y el Plan de Acompañamiento Emocional y Conductual (PAEC), que justamente buscan responder a estas necesidades, reconociendo que los protocolos no solo deben preparar para una emergencia, sino también resguardar el bienestar de quienes participan en ellos.
Continuando con esto, el psicólogo advierte que un quiebre inesperado de la rutina no impacta de igual manera a todos los estudiantes. Algunos pueden angustiarse, otros desregularse, e incluso algunos estudiantes con conductas oposicionistas pueden aprovechar estos contextos para intensificar ciertas dificultades conductuales. Justamente por eso, los protocolos deben ser pensados con apoyos.
Por otro lado, en relación a las crisis emocionales enfrentadas en contextos escolares, Raimundo añade: “Un punto realmente importante es la necesidad de distinguir entre situaciones que a menudo se confunden: una pataleta, una desregulación emocional, una crisis de ansiedad o un episodio de pánico no son lo mismo, y requieren respuestas distintas. Esa distinción, es clave para no responder únicamente desde el control conductual”.
Más que reaccionar corrigiendo de inmediato, propone comprender primero qué está ocurriendo y desde ahí acompañar. Cuando el estrés está sobrepasando al estudiante, muchas veces lo primero no es hablar del estímulo que gatilló la crisis, sino evitar inicialmente ese foco, bajar intensidad y ofrecer contención.
A veces eso puede implicar desviar la conversación; hay estudiantes que simplemente necesitan sentirse acompañados en silencio, “en todos los casos, hay un principio central, el cual consiste en validar la emoción sin necesariamente validar la conducta. Esa diferencia cambia profundamente la forma de intervenir, ya que permite comprender que detrás de muchas reacciones hay malestar, no simplemente desobediencia”.
Ese es el enfoque de Raimundo Ramírez, educar hoy día no puede reducirse a enseñar contenidos, sino que implica también construir entornos que contengan. Los equipos multidisciplinarios, la convivencia escolar, la educación emocional y los protocolos de apoyo aparecen entonces no como dimensiones accesorias, sino como parte de una misma tarea formativa: “Educar también es cuidar”.
Dunalastair cuenta con Equipos Multidisciplinarios (EMD), compuestos por psicólogos, psicopedagogos, terapeutas ocupacionales y docentes, en cada una de sus secciones (Infant, Junior, Middle y Senior). Ellos están a cargo de la contención y manejo en situaciones complejas, sin embargo, su labor principal, es aplicar el Programa de Desarrollo Personal y Social (PDPS) desde Playgroup hasta IV° medio.
El PDPS es parte del Student & Parent Journey de Dunalastair, recorrido en el que la triada “estudiante – colegio – familia” trabajan en conjunto para prevenir y cuidar.
Adicionalmente, como parte del Grupo Cognita, Dunalastair cuenta con una política de Safeguarding, que se ocupa del cuidado permanente de la salud física, psicológica y emocional de los estudiantes, logrando así ser una comunidad que se cuida. Dunalastair: Reimaginando una Educación con Propósito.