LA VIDA ES MEJOR
n jueves en la tarde, en el desierto de Chile, treinta y tres mineros quedaron sepultados tras un derrumbe dentro de la mina San José.
Frenéticos gritaron buscando ayuda, pero nadie respondió. Tanto como ellos buscaron, sus familiares los lloraron. Fue ahí cuando todo un país juntó fuerzas para rescatarlos: máquinas de alta precisión llegaron al lugar, expertos fueron consultados, pero no pudieron hacer contacto con ellos. Los familiares decidieron quedarse en el sitio, esperando el rescate de sus seres queridos. Para esto necesitaron ayuda de otros: se construyeron campamentos, se trajo alimento, se les dio asistencia sicológica, entre muchas otras.
Los rescatistas tuvieron sus dificultades: en el sondaje encontraron una gran piedra que no les permitió continuar, el refugio donde se supone que estaban los mineros estaba a muchos metros de profundidad.
Pasaron dos semanas donde sólo se avanzaba en la fe de encontrarlos con vida, pero los obstáculos crecían más al avanzar en la excavación. Mientras un grupo de expertos buscaban la forma de alcanzar contra el tiempo a estos trabajadores, siguieron profundizando en la mina.
Las esperanzas comenzaron a desvanecerse. Pero un domingo en la madrugada, tras el segundo intento de alcanzar a los mineros con una sonda, se comunicó una gran noticia que recorrió el mundo: los mineros estaban vivos en el refugio. Enviaron al exterior un mensaje:
“Estamos bien en el refugio los 33”.
Cuando esta noticia fue comunicada, las personas festejaron en las calles de todos los pueblos del país. El milagro vino a anular los males de nuestra tierra entera.
En pocos días, se entregaron cartas de los mineros a sus familias y de éstas a ellos.
Ahora era el tiempo de esperar…
Las fuerzas por sobrevivir estaban sujetas a los trabajadores que debían mantener su espíritu en alto, ya que sus necesidades serían suministradas.
Pasaron tres meses y en éstos se construyeron las cámaras que los llevarían al exterior. Dentro del refugio estaban nuevas comodidades: luz permanente, agua potable, sistemas de comunicación directa, entretenciones, cercanía con sus seres queridos a través del sistema holográfico, aire purificado y enriquecido con sustancias inmunológicas.
Los expertos decidieron que era el momento apropiado para ir al rescate definitivo y, dada la seguridad de la operación, podrían bajar las familias a buscarlos.
Se seleccionaron dos familiares de cada trabajador. El ascensor que los llevaría, tenía capacidad para diez pasajeros por vez, por ello, en corto plazo todos estarían abajo para realizar la etapa final. Las salidas serían organizadas por orden: primero los enfermos o de más edad, segundo los más jóvenes y saludables, todos acompañados de sus familias que también habían sido seleccionadas.
Rogelio Fuentes, su mujer y su hermano subieron nerviosamente al ascensor, los siguieron otros ansiosos ya de ver la luz del día. Se tomaron de las manos adentro, rezaron una oración en silencio y comenzó el ascenso. Se escuchaban ruidos tras los muros, agua que corría por algún canal oculto, golpes, llantos y a lo lejos una suave música.
Súbitamente se detuvo el movimiento, los pasajeros quedaron mudos aferrados a las manos de sus acompañantes, siguieron los movimientos oscilantes y se oyó un gran golpe sobre el techo. Entonces se dieron cuenta de que se trataba de un nuevo derrumbe y en vertiginosa caída se agacharon a suplicar por su vida…
Habían pasado cuatro meses, de larga y ardua espera y, por fin, los mineros estaban fuera del refugio. Rogelio Fuentes, el minero más experimentado y líder del grupo, se despertaba con un molesto rayo de sol en su cara. La ventana abierta dejaba entrar un aire tibio y perfumado propio del mes de diciembre. Era Navidad y esta pesadilla lo había traído a la realidad bruscamente.
Gracias al cielo todo había pasado y esta vez la realidad era, definitivamente, mejor que los sueños….
Cuento escrito por los séptimos años a partir de un hecho noticioso, incorporando las características de este relato y tipos de mundos vistos.
Septiembre del 2010.
